Delegación de Pastoral Vocacional de Madrid

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Musical “Saulo” para dar comienzo a la Jornada mundial de oración por las vocaciones

El viernes 24 de abril a las 20’30 en el salón de actos del Seminario.

Musical SAULO

Grupo Damedebeber

Un grupo de jóvenes de las parroquias de Navalagamella y Fresnedillas de la Oliva (Madrid) cantan y bailan en directo siguiendo el libro de los Hechos de los Apóstoles y las Epístolas de San Pablo, escenificando su vida –desde la persecución a los cristianos, pasando por la conversión y el martirio del apóstol, hasta el apoteosis final de la obra, basado en el Libro del Apocalipsis.

Con la colaboración instrumental de compositores de la altura de Nico Montero, Fray Nacho o Rogelio Cabado, entre otros, esta obra se trata de un auto-sacramental que ofrece un equipo de más de 30 actores amateurs de distintas nacionalidades. Estos, desde su sencillez y de forma totalmente desinteresada y gratuita, enseñan a combinar amistad y respeto, diversión y disciplina, espíritu de grupo y responsabilidad, haciendo ver lo importante que es la oración y el compromiso para mantener la unión en un grupo en el que se han creado unos lazos de amistad basados en el cariño, el respeto y la espiritualidad cristiana, que es lo realmente importante y lo más positivo que obtienen de esta experiencia. Jóvenes que muestran, con su testimonio, el verdadero rostro de la juventud de la Iglesia.

abril 15, 2015   Sin comentarios

El éxodo, experiencia fundamental de la vocación

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
PARA LA 52 JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES

26 DE ABRIL DE 2015 – IV DOMINGO DE PASCUA

Queridos hermanos y hermanas:

El cuarto Domingo de Pascua nos presenta el icono del Buen Pastor que conoce a sus ovejas, las llama por su nombre, las alimenta y las guía. Hace más de 50 años que en este domingo celebramos la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. Esta Jornada nos recuerda la importancia de rezar para que, como dijo Jesús a sus discípulos, «el dueño de la mies… mande obreros a su mies» (Lc 10,2). Jesús nos dio este mandamiento en el contexto de un envío misionero: además de los doce apóstoles, llamó a otros setenta y dos discípulos y los mandó de dos en dos para la misión (cf. Lc 10,1-16). Efectivamente, si la Iglesia «es misionera por su naturaleza» (Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Ad gentes, 2), la vocación cristiana nace necesariamente dentro de una experiencia de misión. Así, escuchar y seguir la voz de Cristo Buen Pastor, dejándose atraer y conducir por él y consagrando a él la propia vida, significa aceptar que el Espíritu Santo nos introduzca en este dinamismo misionero, suscitando en nosotros el deseo y la determinación gozosa de entregar nuestra vida y gastarla por la causa del Reino de Dios.

Entregar la propia vida en esta actitud misionera sólo será posible si somos capaces de salir de nosotros mismos. Por eso, en esta 52 Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, quisiera reflexionar precisamente sobre ese particular «éxodo» que es la vocación o, mejor aún, nuestra respuesta a la vocación que Dios nos da. Cuando oímos la palabra «éxodo», nos viene a la mente inmediatamente el comienzo de la maravillosa historia de amor de Dios con el pueblo de sus hijos, una historia que pasa por los días dramáticos de la esclavitud en Egipto, la llamada de Moisés, la liberación y el camino hacia la tierra prometida. El libro del Éxodo ―el segundo libro de la Biblia―, que narra esta historia, representa una parábola de toda la historia de la salvación, y también de la dinámica fundamental de la fe cristiana. De hecho, pasar de la esclavitud del hombre viejo a la vida nueva en Cristo es la obra redentora que se realiza en nosotros mediante la fe (cf. Ef 4,22-24). Este paso es un verdadero y real «éxodo», es el camino del alma cristiana y de toda la Iglesia, la orientación decisiva de la existencia hacia el Padre.

En la raíz de toda vocación cristiana se encuentra este movimiento fundamental de la experiencia de fe: creer quiere decir renunciar a uno mismo, salir de la comodidad y rigidez del propio yo para centrar nuestra vida en Jesucristo; abandonar, como Abrahán, la propia tierra poniéndose en camino con confianza, sabiendo que Dios indicará el camino hacia la tierra nueva. Esta «salida» no hay que entenderla como un desprecio de la propia vida, del propio modo sentir las cosas, de la propia humanidad; todo lo contrario, quien emprende el camino siguiendo a Cristo encuentra vida en abundancia, poniéndose del todo a disposición de Dios y de su reino. Dice Jesús: «El que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, mujer, hijos o tierras, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna» (Mt 19,29). La raíz profunda de todo esto es el amor. En efecto, la vocación cristiana es sobre todo una llamada de amor que atrae y que se refiere a algo más allá de uno mismo, descentra a la persona, inicia un «camino permanente, como un salir del yo cerrado en sí mismo hacia su liberación en la entrega de sí y, precisamente de este modo, hacia el reencuentro consigo mismo, más aún, hacia el descubrimiento de Dios» (Benedicto XVI, Carta enc. Deus caritas est, 6).

La experiencia del éxodo es paradigma de la vida cristiana, en particular de quien sigue una vocación de especial dedicación al servicio del Evangelio. Consiste en una actitud siempre renovada de conversión y transformación, en un estar siempre en camino, en un pasar de la muerte a la vida, tal como celebramos en la liturgia: es el dinamismo pascual. En efecto, desde la llamada de Abrahán a la de Moisés, desde el peregrinar de Israel por el desierto a la conversión predicada por los profetas, hasta el viaje misionero de Jesús que culmina en su muerte y resurrección, la vocación es siempre una acción de Dios que nos hace salir de nuestra situación inicial, nos libra de toda forma de esclavitud, nos saca de la rutina y la indiferencia y nos proyecta hacia la alegría de la comunión con Dios y con los hermanos. Responder a la llamada de Dios, por tanto, es dejar que él nos haga salir de nuestra falsa estabilidad para ponernos en camino hacia Jesucristo, principio y fin de nuestra vida y de nuestra felicidad.

Esta dinámica del éxodo no se refiere sólo a la llamada personal, sino a la acción misionera y evangelizadora de toda la Iglesia. La Iglesia es verdaderamente fiel a su Maestro en la medida en que es una Iglesia «en salida», no preocupada por ella misma, por sus estructuras y sus conquistas, sino más bien capaz de ir, de ponerse en movimiento, de encontrar a los hijos de Dios en su situación real y de compadecer sus heridas. Dios sale de sí mismo en una dinámica trinitaria de amor, escucha la miseria de su pueblo e interviene para librarlo (cf. Ex 3,7). A esta forma de ser y de actuar está llamada también la Iglesia: la Iglesia que evangeliza sale al encuentro del hombre, anuncia la palabra liberadora del Evangelio, sana con la gracia de Dios las heridas del alma y del cuerpo, socorre a los pobres y necesitados.

Queridos hermanos y hermanas, este éxodo liberador hacia Cristo y hacia los hermanos constituye también el camino para la plena comprensión del hombre y para el crecimiento humano y social en la historia. Escuchar y acoger la llamada del Señor no es una cuestión privada o intimista que pueda confundirse con la emoción del momento; es un compromiso concreto, real y total, que afecta a toda nuestra existencia y la pone al servicio de la construcción del Reino de Dios en la tierra. Por eso, la vocación cristiana, radicada en la contemplación del corazón del Padre, lleva al mismo tiempo al compromiso solidario en favor de la liberación de los hermanos, sobre todo de los más pobres. El discípulo de Jesús tiene el corazón abierto a su horizonte sin límites, y su intimidad con el Señor nunca es una fuga de la vida y del mundo, sino que, al contrario, «esencialmente se configura como comunión misionera» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 23).

Esta dinámica del éxodo, hacia Dios y hacia el hombre, llena la vida de alegría y de sentido. Quisiera decírselo especialmente a los más jóvenes que, también por su edad y por la visión de futuro que se abre ante sus ojos, saben ser disponibles y generosos. A veces las incógnitas y las preocupaciones por el futuro y las incertidumbres que afectan a la vida de cada día amenazan con paralizar su entusiasmo, de frenar sus sueños, hasta el punto de pensar que no vale la pena comprometerse y que el Dios de la fe cristiana limita su libertad. En cambio, queridos jóvenes, no tengáis miedo a salir de vosotros mismos y a poneros en camino. El Evangelio es la Palabra que libera, transforma y hace más bella nuestra vida. Qué hermoso es dejarse sorprender por la llamada de Dios, acoger su Palabra, encauzar los pasos de vuestra vida tras las huellas de Jesús, en la adoración al misterio divino y en la entrega generosa a los otros. Vuestra vida será más rica y más alegre cada día.

La Virgen María, modelo de toda vocación, no tuvo miedo a decir su «fiat» a la llamada del Señor. Ella nos acompaña y nos guía. Con la audacia generosa de la fe, María cantó la alegría de salir de sí misma y confiar a Dios sus proyectos de vida. A Ella nos dirigimos para estar plenamente disponibles al designio que Dios tiene para cada uno de nosotros, para que crezca en nosotros el deseo de salir e ir, con solicitud, al encuentro con los demás (cf. Lc 1,39). Que la Virgen Madre nos proteja e interceda por todos nosotros.

Francisco

abril 14, 2015   Sin comentarios

Don Carlos Osoro, arzobispo de Madrid, preside la vigilia inaugural de la Jornada Mundial de oración por las vocaciones.

El viernes 24 de abril a las 21’30, en la capilla del Seminario de Madrid, estamos todos invitados a participar en la plegaria con nuestro pastor para pedir al dueño de la mies que envie obreros a su mies. Como nos dice el Papa francisco: “La adoración no es un lujo. Es una prioridad. Es lo primero, lo que no debemos dejar nunca de lado, lo necesario, lo que no nos ha de ser quitado”. Después de la Vigilia, a partir de las 23, comenzarán los distintos turnos de vela hasta el domingo 26 a las 12 de la mañana

abril 13, 2015   Sin comentarios

CARTA PASTORAL DE D. CARLOS OSORO, Arzobispo de Madrid, CON MOTIVO DEL DÍA DEL SEMINARIO

                                                                                                            Madrid, 22 de Marzo de 2015

Con la Fe de San José, la Vida de Jesús

y la Audacia de María

“¿Señor, qué mandáis hacer de mí?”

Vamos a celebrar el Día del seminario. Y quiero acercar a todos los creyentes de nuestra archidiócesis y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad la verdad del ministerio sacerdotal y su actualidad para la vida del mundo. El lema que la Iglesia que camina en España ha elegido para este año dice así: “Señor, ¿qué mandáis hacer de mí?”. Son palabras de Santa Teresa de Jesús que nos traen unas sugerencias especialmente importantes para vivir el ministerio sacerdotal hoy. ¿Quiénes son los sacerdotes? Hombres elegidos por el Señor de entre los hombres a quienes un día, valiéndose de muchas situaciones, les llama para que le presten la vida a Él. De tal manera que, después de una larga preparación humana, teológica, espiritual y pastoral, el Obispo les impondrá las manos para que sean “otro Cristo”, regalando así a los hombres su amor, su gracia, su perdón, su alimento, su presencia. El Papa San Juan Pablo II nos decía que el sacerdocio ministerial, que nació en el Cenáculo, junto con la Eucaristía, tiene solamente una manera de vivirse: “la existencia sacerdotal ha de tener, por un título especial, `forma eucarística”. Se trata de globalizar el amor mismo de Jesucristo, dando forma a la existencia sacerdotal y regalando y manteniendo esa vida entre los hombres, en su existencia personal y en la historia que tejemos con nuestra vida entre todos.

A todos los jóvenes os hago una llamada singular a vuestro corazón. Decid: “Señor, ¿qué mandáis hacer de mí?”. A vosotros, jóvenes, con ideales grandes, con deseos de dar lo mejor de vuestra vida para que todos los hombres tengan la vida del Señor y para hacer posible que el Reino de Dios se haga presente ya en esta historia, os invito a que, con la expresión de Santa Teresa de Jesús, dejéis que vuestro corazón responda con generosidad. No seáis tacaños en esta hora de la historia donde se fragua una época nueva. Y, tanto a quienes sois ya sacerdotes, como a quienes os estáis formando para el ministerio sacerdotal en nuestros seminarios, para que vuestra vida sea llamada y pregunta para los jóvenes, os invito a cultivar dos dimensiones esenciales en el ministerio sacerdotal, constitutivas y complementarias: la comunión y la misión, la unidad y la evangelización. La unidad de la que el Señor nos habló en la última Cena, cuando nos dijo: “sed uno”, y la misión o tensión evangelizadora de la cual el Señor habló a los discípulos antes de subir a los cielos, cuando nos dijo: “id por el mundo y anunciad el Evangelio”.

En este año, en el que Teresa de Jesús tiene un protagonismo especial en la Iglesia en España, escuchemos cómo ella habla del liderazgo apostólico llamando a los sacerdotes capitanes. La Santa manifiesta así la grandeza del ministerio sacerdotal: “¡Buenos quedarían los soldados sin capitanes! Han vivir entre los hombres y tratar con los hombres y estar en los palacios y aún hacerse algunas veces con ellos en lo exterior. ¿Pensáis, hijas mías, que es menester poco para tratar con el mundo y vivir en el mundo y tratar negocios del mundo y hacerse, como he dicho, a la conversación del mundo, y ser en lo interior extraños del mundo y enemigos del mundo y estar como quien está en destierro y, en fin, no ser hombres, sino ángeles? Porque a no ser esto así, ni merece el nombre de capitanes, ni permita el Señor salgan de sus celdas, que más daño harán que por derecho. Porque no es ahora tiempo de ver imperfecciones en los que han de enseñar” (Camino 3, 3).

El sacerdocio ministerial es indispensable para la existencia de una comunidad eclesial. Los fieles cristianos esperan de los sacerdotes que sean fundamentalmente especialistas en promover el encuentro del hombre con Dios, expertos en la vida espiritual, testigos de la sabiduría de Dios. Son impresionantes las palabras del santo cura de Ars, San Juan María Vianney: “¡Oh, qué grande es el sacerdote! Si se diese cuenta, moriría… Dios le obedece: pronuncia dos palabras y Jesucristo Nuestro Señor baja del cielo al oír su voz y se encierra en una pequeña hostia” (carta de Convocación del Año Sacerdotal 16-6-2009).

En la formación de quienes habéis sido llamados al ministerio sacerdotal, y quienes ya lo vivimos y hemos de salir al mundo para anunciar a Jesucristo, hemos de salir con la fe de San José, la Vida de Jesús y la Audacia de María:

  1. La Fe de San José: la fe es un don. Por eso, la primera condición es permitir que nos donen algo, no ser autosuficientes, no hacerlo todo por nosotros. Es necesario abrirnos y ser conscientes de que el Señor dona realmente. Este es un paso necesario para recibir algo que no tenemos ni podemos tener. Disponibilidad de aceptar el don, como San José. Dejarnos impresionar por el don en nuestro pensamiento, memoria y voluntad. La verdadera fe implica a toda la persona: pensamientos, afectos, intenciones, relaciones, corporeidad, actividad, trabajo diario. Creer quiere decir, ante todo, aceptar como verdad lo que nuestra mente no comprende del todo. Aceptar lo que Dios nos revela sobre sí mismo, sobre nosotros mismos y sobre la realidad que nos rodea, incluida la invisible. Creer quiere decir abandonarse a Dios, poner en sus manos nuestro destino. Esto es lo que hizo el patriarca San José. Por eso digo: con la fe de San José.
  2. La Vida de Jesús: en Jesucristo, Dios no sólo es apariencia de hombre, sino que se hace hombre. No se limita a mirarnos desde el trono de su gloria, sino que se sumerge personalmente en la historia humana. Se hace carne, es decir, realidad frágil, condicionada por el tiempo y el espacio. En Jesucristo se nos revela el gran sí que Dios dijo al hombre y a su vida, a nuestra libertad, a nuestra inteligencia. Solamente si situamos nuestra existencia cristiana dentro de ese “sí’, penetramos profundamente en el significado que tiene en nuestra vida decir al Señor: “aquí estoy’, te presto todo lo que soy para que hagas con mi vida, por tu gracia, tu presencia en medio de los hombres.
  3. La Audacia de María: “he aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”. El sí de María a Dios es mi sí. La respuesta de María al ángel se prolonga con esa llamada a manifestar a Cristo en la historia, ofreciendo disponibilidad para que Dios pueda seguir visitando a la humanidad con su misericordia. La audacia de María está en su abandono y en la confianza absoluta en Dios. Con la audacia de su sí abrió el cielo en la tierra y se abrió la tierra al cielo. La raíz de la audacia, que tenemos que imitar de María nuestra Madre, está en darnos cuenta de que Dios ha puesto los ojos en cada uno de los que han sido llamados al ministerio sacerdotal.

Es la primera vez que os hago una petición como esta: ayudadme a sostener nuestros seminarios, prestad vuestra ayuda económica en la medida que podáis para realizar este sueño de Dios, que, por ser de Dios, es real, para que se pueda hacer de esta tierra el cielo. Para hacerlo, el Señor ha querido el ministerio sacerdotal. Ayudadme.

Con gran afecto, os bendice.

                       + Carlos, Arzobispo de Madrid

 

marzo 23, 2015   Sin comentarios

Sábado 21 de marzo retiro espiritual para jóvenes de 18 a 35 años

Queridos amigos:

El próximo sábado 21 de marzo retiro espiritual para jóvenes de 18 a 35 años.

De 17’30 a 20’30 en Delegación de pastoral vocacional (en el seminario de Madrid, Calle San Buenaventura,9)

El papa Benedicto XVI decía que “ “El verdadero conocimiento del amor de Dios es sólo posible en la oración humilde, de generosa disponibilidad. La mirada fija en su costado. traspasado por la lanza, se vuelve silenciosa adoración”.

Aprovechemos estas oportunidades para acercarnos más al Señor en el conocimiento de su voluntad en este tiempo de Cuaresma

marzo 18, 2015   Sin comentarios

Encuentro de los miembros de la cadena de oración por las vocaciones. Día del Seminario 2015. ”Señor, ¿qué mandáis hacer de mí?”

El próximo miércoles 25 de febrero tendrá lugar, presidido por nuestro arzobispo de Madrid D. Carlos Osoro, el encuentro de los miembros de la cadena de oración por las vocaciones e inicio de la campaña del día del Seminario.

El acto comenzará a las 18’30 en el aula magna del Semianrio de Madrid, c/ San Buenaventura, 9 y concluirá con la Eucaristía acompañada por todos los seminaristas y presidida por D. Carlos

Actualmente forman parte de la cadena diocesana de oración por las vocaciones más de 4.300 miembros. Familias , comunidades de religiosas, laicos de distintas parroquias y movimientos forman una cadena en la que a todas la horas hay gente pidiendo por las vocaciones al ministerio sacerdotal y a la vida consagrada.

A toda la Iglesia diocesana nos compete tomar conciencia de la necesidad de sacerdotes y ayudar a la formación de los que se preparan para ello. Este año el lema es “Señor, ¿qué mandáis hacer de mí?” en el marco de año teresiano. En este año pedimos para nuestros seminaristas esa “determinada determinación” que llevó a la santa a hacer de su vida una entrega total a Dios y poder exclamar: “Vuestra soy, para vos nací, ¿qué mandáis hacer de mí?”.

febrero 23, 2015   Sin comentarios

Retiro espiritual

 

Organizado por las delegaciones de juventud y vocacional de la diócesis de Madrid, el próximo sábado 21 tendremos un retiro espiritual a las 17’30 en el Seminario de Madrid, calle San Buenaventura. Esta destinado a jóvenes de 18 a 35 años.

Este retiro lo dirigirá el P. Fabian , agustino recoleto. A través de San Agustín nos ayudará a encontrarnos con El Señor, que siempre sale en nuestra búsqueda.

 

febrero 17, 2015   Sin comentarios

Ejercicios espirituales para jóvenes en las vicarias IV y VI.

Durante este fin de semana y organizado por las delegaciones de juventud y vocacional tendrán lugar dos tandas de ejercicios espirituales. En la casa de ejercicios de las esclavas de Cristo Rey D. Miguel Ángel Torrente dará ejercicios a jóvenes de la vicaría VI. En la casa de los Sagrados corazones de El Escorial D. Jesus Vidal lo hará para jóvenes de la vicaría IV .

 

febrero 17, 2015   Sin comentarios

AÑO DE LA VIDA CONSAGRADA

Os enviamos las pequeñas catequesis sobre la vida consagrada, que la Delegación de Pastoral Vocacional (D.P.V.) y la Conferencia de Religiosos (CONFER), han preparado y que irán saliendo durante todo este año.

Estas primeras catequesis introductorias han sido preparadas  por el padre Elías Royon  S.J..

Si queréis estas catequesis impresas podéis pedirlas en la Delegación y el número que queráis . AVC 00 lr     AVC 01 lr

Esperamos que estas catequesis ayuden a nuestras comunidades a dar gracias, valorar y pedir por las vocaciones a la vida consagrada

febrero 2, 2015   Sin comentarios

EL 31 DE ENERO COMIENZA EL GRUPO DE DISCERNIMIENTO MASCULINO GENESARET

A las 12,30 en el Seminario c/ San Buenaventura, 9

Los interesados deben ponerse en contacto con la Delegación previamente e-mail: delvocaciones@archimadrid.es

enero 21, 2015   Sin comentarios