Delegación de Pastoral Vocacional de Madrid
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Testimonio Sacerdotal: Enrique González Torres

Una Palabra por cada año… ¡y ya son seis!

Me presento: Soy Enrique González Torres, sacerdote. Hablando de años: tengo treinta y tres, soy párroco de San Germán en Madrid desde hace dos y fui ordenado sacerdote hace poco más de seis. Me gustaría ofrecerte el testimonio de mi vida sacerdotal con la ayuda de la Palabra de Dios, una Palabra para cada año. Estas son mis seis palabras.

Si el grano de trigo no cae en tierra y muere queda infecundo, pero si muere da mucho fruto

Recuerdo bien la primera impresión, el día que vine por primera vez a esta parroquia siendo  aún seminarista. Es como si aún pudiera ver a D. Eugenio bromeando y presentándose a sí mismo como “el mejor párroco de San Germán” – la gracia estaba en que él había sido el único en cuarenta años –.  Hablaba con tanto cariño de cualquier cosa, de cada salón que abría; se le notaba tan feliz al saludar a las personas que encontraba, que era inevitable pensar  lo mucho que quería ese cura a los suyos y cómo aquí no se podía venir con mentalidad de paso, como si hubiera que seguir buscando algo más. Se había acabado el tiempo de buscar, había llegado la hora de encontrar, abrazar y morir. Esta era mi familia, mi casa, la tierra en la que Dios quería que diese la vida. Por aquel tiempo no imaginaba hasta qué punto iba a ser cierta esta primera impresión. Ya no sólo sabía que quería “morir en la Católica” como tantos santos, ahora Dios me señalaba mi parte, el surco de tierra donde mi vida tenía que esconderse por amor.

Sin mí no podéis hacer nada, permaneced en mí

Después de dos años, el de pastoral y el de diaconado, llegó el momento de nuestra ordenación sacerdotal. Apunté alto pero me quedé corto. Lo de Dios siempre es más. Yo no he hecho nada. Dios lo ha hecho todo en mí. Sólo he dicho sí y como he podido, he permanecido. “Permaneced en mí” es mi lema sacerdotal, es como un grito desgarrador de Cristo que me ha salvado ya en más de una ocasión de la tentación de alejarme y no ser fiel a su amor. Es un permanecer enamorado y no servil. Es entregar la vida como un derroche escandaloso no como un cálculo interesado.

No tengáis miedo, yo he vencido al mundo

Quitar miedos, esta ha sido mi misión en estos años. Dar confianza, seguridad, sostener y soltar, creer en las posibilidades del otro, confiar en él como Dios mismo confía también. Esta ha sido una misión absolutamente imprevista pero necesaria.

Venid a mí los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré

Cansados y agobiados como ovejas sin pastor, así contempla a los hombres el Corazón de Jesús, y de ese mismo Corazón nacemos los sacerdotes. Por eso los sacerdotes de la parroquia hemos sentido una llamada muy fuerte a reproducir en nosotros el Corazón del Buen Pastor que se conmueve e invita a todos a ir a él. Ojalá pudiéramos llevar a todos a Cristo. Porque en su corazón cabemos todos. Esta es la Buena Noticia y queremos gritarla. Decirle a todos los tristes y abatidos que la fuente de la alegría perfecta, que es el amor, está tan cerca que la pueden encontrar en el portal de enfrente, en el sagrario de su parroquia. Ahí está Jesucristo, su Corazón vivo para ser la fuente de su vida. Debo dar gracias a Dios que me trajo hace ya ocho años a San Germán,  un hogar que está, como el Corazón de Jesús o el de María, siempre abierto.  En sentido literal y en sentido figurado. Abierto muchas horas al día, desde las siete de la mañana hasta casi las once de la noche. Abierto a todos, sin acepción de personas y por eso son muchos los que sienten como en casa

Si no tengo amor, no soy nada

Catequesis, confesiones y misas, enfermos, reuniones y grupos, Cáritas, el portátil y el móvil, carreras, las llaves y las luces, las obras, los novios y los bautizos, los dineros, la escoba y las flores,…  y así podríamos hacer una lista interminable de tareas y cosas que a veces nos quitan la paz. ¿Dónde está la tan famosa “soledad del cura”? Yo no la conozco, más bien al contrario.

No necesitan de médico los sanos sino los enfermos, he venido a buscar y encontrar lo que estaba perdido.

“Se ha perdido”, es algo que no sabe decir Jesucristo;  él dice: “voy a buscarlo”. Que nada se pierda. Ya no importan los números, importa cada uno que es amado, querido y necesario por sí mismo. Lo que otros rechazan, él lo escoge. Es su particular “modus operandi”, y nos lo ha contagiado. Por eso en la parroquia preparamos clases de apoyo y actividades para los niños conflictivos del barrio, adolescentes y muchos de ellos extranjeros. Jugamos con los discapacitados. Defendemos a los no nacidos y oramos por las víctimas del aborto en la vecina ¿clínica? Dator. Acogemos a los separados y divorciados.  Cuidamos de los enfermos en su casa y en los hospitales. Acompañamos a los alcohólicos y a los deprimidos. Buscamos al perdido y confesamos al arrepentido. Contentos los cargamos en nuestros hombros. Lo que no cuenta, lo que nadie busca, lo que no sirve, eso es lo que buscamos.¿No es verdad que no hay mayor amor que dar la vida por los amigos?