Delegación de Pastoral Vocacional de Madrid
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Testimonio Sacerdotal: José Pérez Reyero

foto Reyero

D. José Pérez Reyero (1923 – 2005) desde el recuerdo admirado y agradecido.

Desde el primer momento del encuentro con Pepe, así le llamábamos todos los curas que le conocíamos, percibíamos una mirada penetrante, acogedora, profunda, cercana, sosegada y sabia. Así se manifestaba en todas sus relaciones personales. Hombre profundamente comprensivo . Tenía una gran misericordia al comprender las fragilidades de todos. Se decía que nunca hablaba mal de nadie. Respetuoso con las posturas de todos – iba asimilando los cambios del concilio – exigente con todo lo que estaba relacionado con la vida cristiana. Atento a lo que vivían las personas con las que trataba, con gran delicadeza y atención las escuchaba, atendía y orientaba. Pocas veces hablaba de él mismo.

Tuvo una vida sacerdotal, larga, intensa y diversificada. Con múltiples actividades y responsabilidades diocesanas: fué párroco en el pueblo de Aldea del Fresno, en la parroquia de Sta.Teresa y Sta Isabel, en Moratalaz durante el post-concilio, en la Parroquia Sta.María la Mayor (Estrecho) donde vivió con dos compañeros y dos seminaristas. Fue Vicario episcopal (1978-84), director espiritual del Seminario, párroco de la Purificación (Carabanchel) y finalmente adscrito a la Parroquia de S.Dámaso. En ellas dio un gran testimonio de fidelidad en el desempeño de las responsabiliades confiadas por el Obispo al servicio de la Diócesis, con gran obediencia y disponibilidad, con lucidez al servicio de la verdad. Dejando a un lado la posible lógica de “una carrera eclesiástica”.

El testimonio de oración intensa y exigente en medio de la vida pastoral ha sido constante y muy llamativa. Manifestaba de múltiples maneras que era un hombre de Dios y un entregado sacerdote de Jesucristo. Su manera de celebrar la Eucaristía era enormemente intensa y contemplativa. Se concentraba frecuentemente en su habitación para la oración. Preparaba con mucha dedicación la homilía y decía que había que llorar sobre la Palabra de Dios. Bebía frecuentemente de la espiritualidad del P.Foucauld, a través de la lectura de los libros del P. Voillaume. Sobre todo iba trabajando constantemente para descubrir la manera de vivir la sabiduría de Sta. Teresa y S.Juan de la Cruz en la vida sacerdotal.

En medio de sus actividades pastorales, siempre se preocupaba de la atención personal, como Vicario en las parroquias que visitaba de manera continua, como director espiritual de mucha gente que confiaba en él. Animaba siempre a ser mejor, estimulaba hacia lo bueno, discernía las situaciones con sabiduría y autenticidad, era claro y exigente con los compromisos evangélicos. Era muy buen compañero con todos los sacerdotes y con los que hemos vivido con él. Vivía y animaba a vivir con radicalidad la vida del Evangelio, especialmente en la pobreza.

Su vida se fue apagando poco a poco. Llevó con gran dignidad y elegancia los condicionamientos de su enfermedad. Gracias a las atenciones de su familia y especialmente por una de sus hermanas, que le cuidaron heroicamente, su vida se alargó y transcurrió serenamente. Hasta el final fue desgranado su sabiduría espiritual. Valorando mucho las visitas que tenía, dijo un día una frase que Sta.Teresa decía a sus monjas: “las visitas que tenemos son expresión de la misericordia que Dios tiene con los pobres.”

A él no le gustaría que estas líneas hubieran salido a la luz. No quería hacer escuela y provocar la admiración en torno a su persona. Son unas líneas pobres y escuetas que solo quieren ser un testimonio de una vida sacerdotal muy fecunda para que nos puedan seguir ayudándonos a los que le recordamos agradecidos para seguir viviendo nuestra vida sacerdotal con radicalidad, y para estimular a nuevos jóvenes a asumir el ministerio sacerdotal. Una vez dijo Pepe a un muchacho que criticaba a los curas: “Y tú que los criticas, ¿Por qué no te haces cura?”

José Luis Saez Díez de la Gándara